Las propiedades de las mieles más reconocidas y valoradas por sus características, por la medicina popular y naturalista, se pueden concretar en:

Miel de romero

Favorece las funciones del hígado y está, sobre todo, indicada en los casos de ascitis con hígado, hinchado, cirrosis e ictericia Es un estimulante de probados resultados para combatir el agotamiento físico e intelectual.

Miel de tomillo

Antiséptica y aumenta la energía y la fuerza física. Activa las funciones intestinales y está recomendada en catarros, bronquitis y rinitis. Es eficaz en los casos de depresiones.

Miel de roble

Excelente para combatir las anemias, la disentería, aparato digestivo y las diarreas crónicas, y en uso externo, contra las hemorroides y fisuras anales.

Miel de brezo

Desinfectante de las vías urinarias, además de diurética y antirreumática. Facilita la disolución de los cálculos de la vejiga.

Miel de cantueso

Combate cólicos, flatos e indigestiones. En su uso externo se ha utilizado para lavar heridas debido a sus especiales propiedades antisépticas.

Miel de castaño

Acelera la circulación sanguínea además de actuar como astringente en casos de disentería.

Miel de eucaliptus

Es antitusígena y un energético desinfectante de las vías urinarias.

Miel de espliego

Actúa como antiséptico de los pulmones y los bronquios para combatir las toses rebeldes, asmas, tosferina, gripe y laringitis. Es tónica, antiespasmódica, diurética y antirreumática. Recomendada también para los cardíacos.